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domingo, 29 de diciembre de 2013

El Milagro de la Imaginación


En una tarde nublada, dos niños patinaban sin preocupación sobre una laguna congelada. De pronto, el hielo se partió y uno de los pequeños cayó al agua.

El otro, viendo que su amigo se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romper a fin de salvar a su amigo.

Al llegar los socorristas, viendo lo que había sucedido, se preguntaron cómo lo hizo. Algunos murmuraban: "el hielo está muy grueso, es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y con sus manos tan pequeñitas".

En ese instante, apareció un anciano y dijo:

- Yo sé cómo lo hizo.

Ellos preguntaron:

- Pues, dinos, ¿cómo lo hizo? Es sólo un niño.

El anciano concluyó:

- Es que no había nadie a su lado que le dijera que no podía hacer algo así. Simplemente ha sucedido lo que ya está escrito: "Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr".

Copyright: Ohslho
La Paz, 11 de Noviembre del 2013
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sábado, 28 de diciembre de 2013

Sembrar el futuro



En un oasis escondido en los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba de rodillas el viejo Eliahu, al costado de algunas palmas datileras. Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis para abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.

- ¿Qué tal, anciano? La paz sea contigo.

- Y contigo -contestó Eliahu sin dejar su tarea.

- ¿Qué haces aquí, con esta temperatura, trabajando con esa pala?

- Siembro -contestó el viejo.

- ¿Qué siembras aquí, Eliahu?

- Dátiles -respondió el viejo señalando el palmar.

- ¡Dátiles! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez-. El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa.

- No, debo terminar la siembra. Luego, si quieres, beberemos.

- Dime, amigo, ¿cuántos años tienes?

- No sé: sesenta, setenta, ochenta, no sé... lo he olvidado. Pero eso, ¿qué importa?

- Mira, amigo, las datileras tardan más de cincuenta años en crecer, y sólo entonces están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los cien años, pero tú sabes que difícilmente podrás llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.

- Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probarlos. Siembro hoy para que otros puedan comer dátiles mañana. Y aunque sólo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.

- Me has dado una gran lección, Eliahu; déjame que te pague esta enseñanza -dijo Hakim, poniendo en la mano del viejo una bolsa de cuero llena de monedas.

- Te lo agradezco. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y, sin embargo, mira: todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.

- Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy, y es quizás más importante que la primera. Déjame, pues, que pague también esta lección con una bolsa de monedas.

- Y a veces pasa esto -siguió el anciano, extendiendo la mano para mirar las dos bolsas-: sembré para no cosechar, y antes de terminar de sembrar ya coseché no sólo una, sino dos veces.

- Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñandome cosas no me alcanzará toda mi fortuna para pagarte.

Esperamos resultados inmediatos, queremos todo ya. Decimos que no estamos inmersos en la sociedad de consumo, pero maldecimos los escasos segundos que este mensaje tarda en llegar, o los que demora el semáforo en cambiar de color.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"
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La carreta vacía



Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer. Se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

- Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo?

Agucé mis oídos y algunos segundos después le respondí:

- Estoy escuchando el ruido de una carreta.

- Eso es -dijo mi padre-. Es una carreta vacía.

- ¿Cómo sabes que está vacía, si aún no la vemos? -le pregunté.

Y él respondió:

- Es muy fácil saber que una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y aún hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, a una persona inoportuna, que interrumpe la conversación de todo el mundo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"
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Empuja la vaquita



Un sabio maestro paseaba por el bosque con su fiel discípulo, cuado vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita. Durante la caminata comentó al aprendiz sobre la importancia de conocer lugares y personas, y sobre las oportunidades de aprendizaje que nos brindan estas experiencias.

La casa era de madera y sus habitantes, una pareja y sus tres hijos, vestían ropas sucias y rasgadas, y estaban descalzos. El maestro se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le dijo:

- En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir?

El hombre respondió calmadamente:

- Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Parte de la leche la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la restante elaboramos queso, cuajada y otros productos para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.

El sabio agradeció la información y contempló el lugar por un momento, antes de despedirse y partir. A mitad de camino le ordenó a su fiel discípulo:

- ¡Busca la vaquita, llévala al precipicio y empújala!

El joven lo miró espantado y le replicó que ese animal era el medio de subsistencia de la familia. Como percibió el silencia absoluto del maestro, cumplió la orden: empujó a la vaquita al barranco, y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en su memoria.

Un día, el discípulo resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar para contarle la verdad a la familia y pedirle perdón. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba veía todo muy bonito, diferente de como lo recordaba. Se sintió triste, imaginando que aquella humilde familia había debido vender su terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y, al llegar, fue recibido por un señor muy simpático, al cual le preguntó por las personas que vivían en ese lugar cuatro años atrás. El hombre le respondió que allí seguían.

Sobrecogido, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que había visitado algunos años antes con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor, el dueño de la vaquita:

- ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?

Emocionado, el hombre le respondió:

- Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos; así alcanzamos el éxito que sus ojos ven ahora.

Esta es la realidad de lo que se ha llamado zona de confort. Estamos tan conformes con el estado de cosas que nos rodea que no desarrollamos otras posibilidades. Sólo necesitamos un evento sorpresivo para darnos cuenta de que la seguridad puede ser nuestra peor consejera y de que nos impide ver el horizonte.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"
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El árbol de los problemas



El carpintero que había contratado para que me ayudara a reparar una vieja granja acababa de finalizar su primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se había dañado, haciéndole perder una hora de trabajo, y su viejo camión se negaba a arrancar.

Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio. Cuando llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol y tocó las puntas de las ramas con ambas manos.

Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso entusiasta a su esposa.

De regreso me acompañó hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que lo había visto hacer un rato antes.

"Este es mi árbol de problemas -contestó-. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa, y en la mañana los recojo otra vez. Lo divertido, -dijo sonriendo- es que cuando salgo a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior".

* Contribución de Daniel Molina.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"
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Lo tuyo y lo mío*



Cuando la señora llegó a la estación, le informaron que su tren se retrasaría aproximadamente una hora. Un poco fastidiada, se compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua. Buscó un banco en el andén central y se sentó, preparada para la espera.

Mientras ojeaba la revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. De pronto, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comer. La señora se molestó un poco; no quería ser grosera pero tampoco hacer de cuenta que nada había pasado. Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta y se la comió mirando fíjamente al joven.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta y, mirando a la señora a los ojos, se la llevó a la boca. Ya enojada, ella cogió otra galleta y, con ostensibles señales de fastidio, se la comió mirándolo fijamente.

El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, ella se dio cuenta de que sólo quedaba una galleta, y pensó: "No podrá ser tan caradura", mientras miraba alternativamente al joven y al paquete. Con mucha calma el joven alargó la mano, tomó la galleta y la partió en dos. Con un gesto amable, le ofreció la mitad a su compañera de banco.

- ¡Gracias! -dijo ella tomando con rudeza el trozo de galleta.

- De nada -contestó el joven sonriendo, mientras comía su mitad.

Entonces el tren anunció su partida. La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Desde la ventanilla, vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó: "¡Qué insolente y mal educado! ¡Qué será de nuestro mundo!" De pronto sintió la boca reseca por el disgusto. Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó estupefacta cuando encontró allí su paquete de galletas intacto.

Cuántas veces nuestros prejuicios y decisiones apresuradas nos hacen valorar erróneamente a los demás y cometer graves equivocaciones. Cuántas veces la desconfianza, ya instalada en nosotros, hace que juzguemos arbitrariamente a las personas y las situaciones, encasillándolas en ideas preconcebidas alejadas de la realidad.

Por lo general nos inquietamos por eventos que no son reales y nos atormentamos con problemas que tal vez nunca van a ocurrir.

Dice un viejo proverbio: "Peleando, juzgando antes de tiempo y alterándose no se consigue jamás lo suficiente; pero siendo justo, cediendo y observando a los demás con una simple cuota de serenidad, se consigue más de lo que se espera".

* Contribución de Maribel Zupel, 3 de septiembre de 2001.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"
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Método para achicar la soberbia



La soberbia es una forma particular de incapacidad que suele afectar a gobernantes, directivos y funcionarios, pero también a porteros, dirigentes de gremios, empleados públicos y casi todos los pobres mortales que se encuentran de golpe con una escasa cuota de poder.

He aquí un consejo para no caer en la tentación de la soberbia: diríjase a una zona rural por la ruta que más le guste, desnúdese y espere a que anochezca. Cruce entonces el alambrado -con cuidado de no perder ninguno de los atributos de poder- y camine hasta que sienta que está en medio de la soledad más absoluta. Una vez allí, levante la cabeza al cielo y mire las estrellas. En ese instante, visto desde el espacio, usted debe ser algo así como un microbio sobre una pelota de fútbol.

Piense que está parado sobre un minúsculo planeta que gira alrededor del sol, y que el sol es sólo una estrella pequeña entre los millones de estrellas que está viendo y que forman nuestra galaxia. Recuerde, además, que la nuestra es una de millones de galaxias que hace millones de años giran en el espacio.

Una vez que haya hecho esto, ponga los brazos en jarra sobre la cintura, en actitud desafiante, o adopte cualquier otra postura que le parezca adecuada para expresar su inmenso poder, e hinchando las venas del cuello, grite con toda la voz que sea capaz de juntar en ese momento: "¡Soy verdaderamente poderoso!"

Luego, espere el resultado. Si ve que algunas estrellas se sacuden y titilan, no hay problema: es Dios que, a veces, no puede aguantar la risa.

¿Ha notado que la soberbia y la envidia son dos de los más frecuentes defectos de los humanos? Esta lectura sólo nos pone al frente del universo. ¿Se quiere comparar con todos los humanos? La humildad es una de las mejores cualidades de los grandes hombres.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"
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Recuerda a quienes sirves*



En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó en una mesa. La mesera puso un vaso de agua enfrente de él.

- ¿Cuánto cuesta un helado con chocolate y maní? -preguntó el niño.
- Cincuenta centavos -respondió la mujer.

El niño sacó la mano del bolsillo y examinó las monedas.

- ¿Cuánto cuesta un helado solo? -volvió a preguntar. Algunas personas esperaban mesa y la camarera ya estaba un poco impaciente.

- Veinticinco centavos -dijo bruscamente.

El niño volvió a contar las monedas.

- Quiero el helado solo -dijo.

La mesera le trajo el helado, puso la cuenta en la mesa y se retiró. El niño terminó el helado, pagó en la caja y salió. Cuando la mesera volvió a limpiar la mesa, le costó tragar saliva al ver que allí, ordenadamente junto al plato vacío, había veinticinco centavos: su propina.

Jamás juzgues a alguien antes de saber por qué.

* Contribución de Sebastián Núñez y Lucía Posada, versión de Tché Souto.

Extraido del libro "La culpa es de la vaca"
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La casa imperfecta*


Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar sun pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera.

El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el múltimo esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.

Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. "Esta es tu casa, querido amigo -dijo-. Es un regalo para ti".

Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!

Construimos nuestras vidas de manera distraida, reaccionando cuando deberíamos actuar, y sin poner en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces de repente vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.

La conclusión es que debemos pensar como si estuviésemos construyendo nuestra casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construir con sabiduría es la única regla que podemos reforzar en nuestra existencia. Inclusive si la vivimos sólo por un día, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.

La vida es como un proyecto de hágalo-usted-mismo. Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del pasado. ¡Su vida de mañana será el resultado de sus actitudes y elecciones de hoy!

* Contribución de Daniel Molina, 1ro de noviembre de 2001.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"
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El regalo furtivo




Un chico había nacido con una enfermedad que no tenía cura. A sus 17 años, podía morir en cualquier momento. Siempre había permanecido en casa, al cuidado de su madre, pero estaba harto y decidió salir solo por una vez. Visitó muchos almacenes y, al pasar por uno de música, vio a una jovencita primorosa de su misma edad. Fue amor a primera vista. Abrió la puerta y entró sin mirar nada que no fuera ella. Acercándose poco a poco, llegó al mostrador donde se encontraba la chica, que lo miró y le dijo, con una sonrisa:

- ¿Te puedo ayudar en algo?

Él pensó que era la sonrisa más hermosa que había visto en toda su vida. Sintió deseos de besarla en ese instante. Tartamudeando, le dijo:

- Sí, eeehhh, uuuhhh... me gustaría comprar un disco -y sin pensarlo, tomó el primero que vio y le dio el dinero.

- ¿Quieres que te lo envuelva? -preguntó la joven, sonriendo de nuevo.

Él asintió con la cabeza y ella fue a la oficina, para volver con el paquete envuelto. Lo tomó y se fue.

Desde entonces, todos los días visitaba la tienda y compraba un disco. La muchacha siempre lo envolvía, y él se lo llevaba y lo guardaba en su clóset. Era muy tímido para invitarla a salir y, aunque trataba, no podía. Su mamá se dio cuenta y le dio ánimo, así que al día siguiente él se armó de coraje y se dirigió a la tienda. Compró un disco y, como siempre, ella se fue a envolverlo. Él tomó el paquete y, mientras la joven no lo miraba, dejó su número de teléfono en el mostrador y salió corriendo.

Al otro día, repicó el teléfono de la casa y la mamá contestó. Era la muchacha del almacén, preguntando por su hijo. La señora comenzó a llorar y le dijo:

- ¿No lo sabes? Murió ayer.

Hubo un silencio prolongado, roto solamente por los sollozos de la madre. Días más tarde, la señora entró en el cuarto de su hijo. Al abrir el clóset, se topó con montones de cajitas en papel de regalo. Como esto le causó curiosidad, tomó uno de los paquetes y se sentó sobre la cama para abrirlo. Al hacerlo, un pequeño pedazo de papel salió de la cajita plástica. Era una nota que decía: "¡Hola! Estás muy guapo. ¿Quiéres salir conmigo? Te quiere, Sofía".

Con emoción, la madre abrió otro paquete, y otro, y otro, y al hacerlo encontró muchas notas; todas decían lo mismo con distintas palabras.

Así es la vida: no espere demasiado para decirle a alguien especial lo que siente. Dígalo hoy: mañana puede ser muy tarde.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"
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Una Entrevista con Dios

El sueño dorado de todo periodista es hacer una importante entrevista a algún personaje famoso.

Es una especie de preciada meta en su carrera.

Es lo máximo.

Pues esta es la historia imaginaria de una entrevista a un importantísimo personaje que todos quisiéramos poder llevar a cabo algún afortunado día de nuestra vida.

Y al decir “imaginaria” es importante enfatizar que muchas veces la Imaginación es más verídica que la Realidad.

Y ahora pasemos a atestiguar la más impactante y reveladora entrevista que pueda ser concebida por mente humana alguna...

Una Entrevista con Dios

Un tema que a todos nos vendría bien analizar a fondo

Con mi flamante título de Periodista recién obtenido pedí realizar una gran entrevista, y mi deseo fue concedido.

¡Se me permitió una reunión con Dios! Cómo la conseguí no me lo explico ni me lo pregunten, pero pienso que cualquiera lo puede lograr si tan sólo lo desea fervientemente y se lo propone.

= LA LLEGADA =

—Buenos días... ¿se puede?
—Pasa—me dijo amigablemente Dios. –No es necesario tocar, aquí siempre está abierto y yo estoy disponible. Toma asiento. ¿De manera que quieres entrevistarme?
—Bueno—le contesté—si tienes tiempo...

Dios, con una mirada tierna y radiante, sonrió dulcemente y me dijo:
-Mi tiempo se llama Eternidad y alcanza para todo.
¿Qué preguntas quieres hacerme?

Un poco turbado empecé: “Muchas gracias.
Pues ninguna pregunta nueva ni difícil para ti, supongo.” Y dije...

¿Qué es lo que más te sorprende de los hombres?”

Me miró a los ojos y resueltamente respondió:
“Mmm... que por pensar ansiosamente en el futuro descuidan su hora actual, con lo cual no viven el presente ni el futuro.”

Y continuó:
“Que se aburren de ser niños apurados por crecer, y luego suspiran por volver a ser niños.”

“Que primero pierden la salud para tener dinero y enseguida pierden el dinero para recuperar la salud.”

“Que viven como si no fueran a morirse y se mueren como si no hubieran vivido.”

Después de un rato le dije:

-¿Me permites hacerte otra pregunta?

No me respondió con palabras, sólo asintió con una sonrisa y su tierna mirada.

Y así le dije....

Como buen padre, ¿qué es lo que le pedirías a tus hijos?

Mi interlocutor emitió un profundo suspiro y lentamente contestó:

“Que aprendan que no pueden hacer que alguien los ame; lo que pueden hacer es amar y dejarse amar.”

“Que sepan que deben controlar sus actitudes... o sus actitudes los controlarán a ellos.”

“Que se den cuenta que lleva años construir una confianza y sólo segundos destruirla.”

“Que lo más valioso no es lo que tienen en su vida, sino a quien tienen en su vida. Y sobre todo... que tienen vida”

“Que acepten que no es bueno compararse con los demás, pues siempre habrá alguien mejor o peor que ellos.”

“Que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita.”

“Que se den cuenta que el perdonar se aprende practicando.”

“Que bastan unos pocos segundos para inferir heridas profundas en las personas que amamos, pero que pueden tardar muchos años en ser sanadas.”

“Que la verdadera sabiduría consiste en pensar siempre en los demás antes que en nosotros mismos”

“Que a veces cuando están molestos tienen derecho a estarlo, pero eso no les da derecho a molestar a los que están a su alrededor.”

“Que se convenzan que son dueños de lo que callan y esclavos de lo que dicen.”

“Que aprendan que la verdadera felicidad no es lograr sus metas, sino aprender a ser felices con lo que tienen.”

“Que dos personas pueden mirar una misma cosa y ver algo totalmente diferente.”

“Que sin importar las consecuencias, aquellos que son honestos consigo mismos y con los demás, siempre llegan lejos en la vida y logran un satisfactorio y perdurable bienestar personal.”

“¡No deben olvidarlo!”

“Que a pesar de que la palabra AMOR tiene muchos significados distintos, pierde su valor cuando es usada en exceso.”

“Que reconozcan que amar y querer no son sinónimos, sino antónimos. El querer lo exige todo, el amar lo entrega todo.”

Se produjo un breve silencio y luego agregó:
“Y pensar que mis deseos no eran esos...”
Tenía los ojos húmedos y la voz entrecortada. Dejó de hablar.

Sus manos tomaron las mías y seguimos así en silencio.

Yo me sentí profundamente emocionado y bajé la cabeza.

Luego suspiró profundamente y continuó:

“Que aprendan que la distancia más lejana a que puedan estar de Mi es la distancia de una simple oración.”

“Yo siempre estaré ahí para escucharlos”

“Y que para orar no es necesario hablar, basta con levantar con devoción la mirada
al cielo, sonreír... y pensar en mí.”

—Bien, ¿tienes algo más que preguntarme?—me increpó Dios.

—Señor: ante tu infinita sabiduría no me queda más que permanecer en silencio y meditar acerca de tus respuestas—respondí.

Luego, en un corto encuentro espiritual mano sobre mano, continuamos sentados en silencio. Le di las gracias al buen Dios y me levanté.

“Hijo mío: ve y difunde este mensaje y da a conocer estas verdades a tus lectores.”

Empecé a caminar hacia la puerta, pero en ese momento me detuvo.

“Te lo prometo Señor, así lo haré” respondí emocionado y con la voz entrecortada.

Y ya ven, cumplo mi promesa. Ya escucharon lo que El desea. Ahora procuren cumplir ustedes.

Continué caminando lentamente en medio de un mar de reflexiones. ¡Qué gran tipo es Dios! —me dije— Todo bondad, dulzura, comprensión, amor, como un buen padre y pastor. O como dicen mis nietos:

“Qué buena onda”

Nos despedimos finalmente con un abrazo y me dio un último adiós y su bendición desde el gran portón.

Fue en ese momento cuando de pronto, en un espontáneo impulso, le pedí:

—Señor, ¿podrías bendecir también a todas las personas que están en sus hogares leyendo esta entrevista en este momento?

Ante mi petición el Señor sonrió dulcemente, levantó su mano y dijo:

Que así sea

= Y así terminó la entrevista =

Meditando acerca de este encuentro ahora me pregunto:

¿Cómo es posible que todavía haya gente que no se dé cuenta de Su presencia?

El sol empezaba a ocultarse en el horizonte. Soplaba una fresca brisa proveniente del mar que me llenó los pulmones de oxígeno y me ensanchó el pecho de emoción.

Mi mente continuó divagando así por mucho tiempo en el vacío, y no pude evitar hacerme esta última pregunta:

¿Vendrá algún día en que lo escuchemos, comprendamos sus palabras
y aprendamos de Él?

Que cada quien reflexione y medite su respuesta.

Recopilación y adaptación: Francisco Arámburo Salas
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viernes, 27 de diciembre de 2013

Relatos e Historias de Motivacion. Atiende con una sonrisa


Un hombre escribió una carta a un pequeño hotel en una ciudad del medio oeste norteamericano que planeaba visitar durante sus vacaciones:
«Me gustaría mucho llevar conmigo a mi perro. Está bien educado y sabe comportarse. ¿Me permitirían ustedes tenerlo conmigo en la habitación durante la noche?».
La respuesta del propietario del hotel fue inmediata y decía:
«Hace muchos años que trabajo en este hotel. Durante este tiempo, nunca ha venido un perro que robara las toallas, la ropa de cama o la cubertería de plata... y tampoco los cuadros de las paredes.
»Jamás he tenido que llamar la atención a un perro a altas horas de la noche por estar borracho y armar escándalo, y tampoco ha venido ninguno que se fuera sin pagar la cuenta del hotel.
»Esté tranquilo; su perro será bienvenido en el hotel. Y si él se hace responsable de usted, también a usted lo recibiremos con mucho gusto».

Karl Albrecht y Ron Zenke
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Relatos e Historias de Motivacion. Fíjate en...

 
Fíjate en que:
Después de que Fred Astaire hiciera su primera prueba cinematográfica, en 1933, el informe del director de pruebas de la Metro Goldwyn Mayer dictaminaba: «¡Incapaz de actuar! ¡Ligeramente calvo! ¡Puede bailar un poco!».
Astaire conservaba aquel informe sobre la chimenea de su casa en Beverly Hills.
Un experto dijo que Vince Lombardi no poseía un mínimo conocimiento de fútbol americano y que le faltaba motivación.
A Sócrates lo acusaron de inmoralidad y de corromper a la juventud.
Cuando Peter J. Daniel estaba en cuarto grado de primaria, su maestra, Mrs. Phillips, le decía continuamente que no servía para nada, que era un fruto podrido y que jamás llegaría a ninguna parte. Peter siguió siendo totalmente analfabeto hasta los veintiséis años. Un amigo se quedaba toda la noche con él, leyéndole un ejemplar de Piensa y hazte rico. Ahora es el propietario de las esquinas donde solía pelear y acaba de publicar su último libro: Mrs. Phillips, you were wrong! (Señora Phillips, se equivocó).
A Louisa May Alcott, la autora de Mujercitas, su familia le aconsejaba que buscara trabajo como sirvienta o como costurera.
Beethoven era muy torpe con el violín y prefería tocar sus propias composiciones en vez de mejorar su técnica. Su maestro le decía que como compositor era un desastre.
Los padres del famoso cantante de ópera Enrico Caruso querían que fuera ingeniero. Su maestro le dijo que no tenía voz y que era incapaz de cantar.
Charles Darwin, el padre de la Teoría de la Evolución, abandonó la carrera de medicina y su padre solía decirle que no se interesaba por nada más que el tiro, los perros y la caza de ratones.
En su autobiografía, Darwin escribe que todos sus maestros, lo mismo que su padre, lo consideraban un niño muy limitado, por debajo del estándar de normalidad intelectual.
Un editor de periódicos despidió a Walt Disney por falta de ideas. Además, Disney se vio varias veces en la bancarrota antes de fundar Disneylandia.
Los maestros de Thomas Edison decían que era demasiado estúpido para aprender nada.
Albert Einstein no habló hasta los cuatro años y no aprendió a leer hasta los siete. Su maestro lo describía como «mentalmente lento, asocial, está siempre navegando a la deriva por sus estúpidos sueños». Lo expulsaron del colegio y le negaron el ingreso en la Escuela Politécnica de Zurich.
Durante sus estudios, antes de graduarse, Louis Pasteur apenas fue un alumno mediocre y, de entre un grupo de veintidós alumnos, ocupó el decimoquinto lugar en química.
Los resultados de Isaac Newton en la escuela elemental fueron lamentables.
«Mi hijo es un idiota», decía el padre del escultor Rodin. Considerado el peor alumno de la escuela, Rodin fracasó en tres ocasiones antes de poder ingresar en la escuela de arte. Un tío suyo lo consideraba incapaz de recibir cualquier educación.
León Tolstoi, el autor de Guerra y paz, abandonó la universidad. De él se decía que no sólo no tenía capacidad, sino que no estaba dispuesto a aprender.
El dramaturgo Tennessee Williams se enfureció cuando, en un premio literario que tuvo lugar en la Universidad de Washington, donde él se había inscrito en los cursos superiores de inglés, le rechazaron una pieza de teatro,
Me, Vasha. El maestro recordaba que Williams había repudiado no sólo la decisión de los jueces, sino también su inteligencia.
Los empleados del departamento de frutos secos en las grandes tiendas de F. W. Woolworth decían que el propietario no tenía la sensibilidad necesaria para atender a su clientela.
Henry Ford fracasó y fue a la quiebra en cinco ocasiones antes de conseguir, finalmente, el éxito.

Babe Ruth, considerado por los historiadores del deporte como el mayor atleta de la historia, se hizo famoso por batir el récord de carreras en un mismo partido de béisbol, y el de tiros fuera del campo.
Winston Churchill no aprobó el sexto grado. No llegó a ser primer ministro de Inglaterra hasta los sesenta y dos años, después de toda una vida de derrotas y reveses. Sus mayores logros los consiguió cuando ya había cumplido los sesenta y cinco años.

Hasta su publicación, en 1970, dieciocho editoriales rechazaron el manuscrito de Juan Salvador Gaviota, un relato de Richard Bach sobre una osada gaviota. En 1975 ya se habían vendido, sólo en los Estados Unidos, más de siete millones de ejemplares.
Richard Hooker trabajó durante siete años en M.A.S.H., una novela sobre la guerra en clave de humor, sólo para conseguir que la rechazaran veintiuna editoriales antes de su publicación.
Inmediatamente se convirtió en un best seller que fue llevado al cine y convertido en serie de televisión con un gran éxito.

Jack Canfield y Mark V. Hansen
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jueves, 26 de diciembre de 2013

Og Mandino - El Pergamino Número Diez


¿Qué hombre tiene tan poca fe que en un momento de gran desastre y de angustia no ha invocado a su Dios? ¿Quién no ha clamado cuando se ha visto confrontado con el peligro, la muerte, o un misterio superior a su comprensión o experiencia normal? ¿De dónde procede este profundo instinto que se expresa por la boca de todos los seres vivientes en momentos de peligro?

Agite la mano rápidamente ante los ojos de alguno, y sus párpados pestañearán. Déle a otro un golpecito en la rodilla y la pierna dará un salto. Confronte a otro con una historia de horror y sus labios dirán: «Dios mío», en virtud del mismo impulso.

Mi vida no tiene que estar saturada de religión para reconocer este gran misterio de la naturaleza. Todos los seres que andan por la tierra, incluso el hombre, poseen el instinto de clamar pidiendo ayuda. ¿Por qué es que poseemos este instinto, este don?

¿No son nuestros clamores una forma de oración? ¿No sería incomprensible, en un mundo gobernado por las leyes de la naturaleza, otorgar a un cordero o a una mula, o a un pajarillo o al hombre el instinto de clamar pidiendo ayuda, si alguna mente superior no hubiese también determinado que el clamor fuese escuchado por un poder superior con la habilidad de escuchar y de responder a nuestro clamor? De aquí en adelante oraré, pero mis clamores pidiendo ayuda serán solo clamores pidiendo dirección.

Nunca oraré pidiendo las cosas materiales de este mundo. No estoy llamando a un sirviente para que me traiga alimentos. No le estoy ordenando a un fondista o mesonero para que me proporcione habitación. No pediré jamás que se me otorgue oro, o amor, o buena salud, o victorias mezquinas, o la fama, o el éxito o la felicidad. Sólo oraré por directivas y orientaciones, para que se me señale el camino para adquirir estas cosas, y mi oración será contestada siempre.

Quizá recibiré la dirección y orientación que busco, o tal vez no, pero ¿no son estas dos cosas una respuesta? Si el niño le pide pan a su padre, y el padre no se lo da, ¿no le ha respondido el padre?
Oraré pidiendo directivas y orientación, y oraré como un vendedor de esta manera:

Oh creador de todas las cosas, ayúdame. Porque hoy me interno en el mundo desnudo y solo, y sin tu mano que me guíe me extraviaré del camino que conduce al éxito y a la felicidad.

No pido ni oro ni ropas ni aún las oportunidades en consonancia con mi habilidad; en cambio guíame para que adquiera habilidad para aprovechar mis oportunidades.

Tú les has enseñado al león y al águila cómo cazar y prosperar con sus dientes y sus garras. Enséñame a cazar con palabras y a prosperar con amor para que sea un león entre los hombres y águila en el mercado.

Ayúdame a permanecer humilde en los obstáculos, y fracasos; sin embargo, no ocultes de mi vista el premio que acompañará a la victoria.

Asígname tareas en cuyo desempeño otros hayan fracasado; sin embargo guíame para que pueda arrancar las semillas del éxito de entre sus fracasos. Confróntame con temores que me templen el espíritu; sin embargo, concédeme el valor para reírme de mis dudas.

Dame un número suficiente de días para alcanzar mis metas; y sin embargo ayúdame para vivir hoy como si fuera mi último día.

Guíame en mis palabras para que produzcan frutos. Sin embargo sella mis labios para que no diga chismes y nadie sea calumniado.

Disciplíname para que adquiera el hábito de no cejar nunca; sin embargo señálame la forma de usar la ley de los promedios. Hazme alerta a fin de reconocer la oportunidad; y sin embargo otórgame paciencia que concentrará mis fuerzas.

Báñame en buenos hábitos para que los malos se ahoguen; sin embargo concédeme compasión para las debilidades de los hombres. Déjame saber que todo pasará; sin embargo ayúdame a contar mis bendiciones de hoy.

Exponme ante el odio para que no me sea extraño; sin embargo llena mi copa de amor para que pueda convertir a los extraños en amigos.

Pero que todas estas cosas sean así si es tu voluntad. Soy tan sólo un pequeño y solitario grano de uva que se aferra a la viña, y sin embargo me has hecho distinto de todos los demás. En realidad debe existir un lugar especial para mí. Guíame. Ayúdame. Señálame el camino.

Déjame que llegue a ser todo lo que tienes planeado para mí cuando mi semilla fue plantada y seleccionada por ti para germinar en la viña del mundo.

Ayuda a este humilde vendedor.
Guíame, Dios.
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Og Mandino - El Pergamino Número Seis



Hoy seré dueño de mis emociones.

La marea sube; la marea baja. Pasa el invierno y llega el verano. Declina el verano y aumenta el frío. El sol sale; el sol se pone. La luna está llena; la luna es negra. Llegan los pájaros; y luego parten. Florecen las flores; las flores se marchitan. Se siembra la semilla; se recoge la cosecha. La naturaleza toda es un ciclo de estados de ánimo y yo soy parte de la naturaleza, y así como la marea, subirán mis estados de ánimo; mis estados de ánimo bajarán.

Hoy seré dueño de mis emociones.

Es una de las estratagemas de la naturaleza, escasamente comprendida, que cada día amanezco con estados de ánimo que han cambiado desde ayer. El gozo de ayer se convertirá en la tristeza de hoy; sin embargo la tristeza de hoy pasará a ser el gozo del mañana. Dentro de mí hay una rueda, que cambia constantemente de la tristeza al gozo, de los transportes de alegría a la depresión, de la felicidad a la melancolía. A igual que las flores, los capullos de gozo de hoy se marchitarán y abatirán, y sin embargo recordaré que las flores secas de hoy llevan la semilla del pimpollo del mañana; así también la tristeza de hoy contiene la simiente del gozo del mañana.

Hoy seré dueño de mis emociones.

¿Y cómo dominaré estas emociones para que cada día sea productivo? Porque a menos que mi estado de ánimo sea el correcto, mi vida será un fracaso. Los árboles y las plantas dependen del tiempo para florecer, pero yo elaboro mi propio tiempo, que digo, lo llevo conmigo. Pero si yo les ofrezco a mis clientes lluvia y lobreguez y tinieblas y pesimismo, reaccionarán con tristeza, tinieblas y pesimismo y no me comprarán nada. Si les ofrezco gozo y entusiasmo y claridad y alegría a mis clientes, reaccionarán con gozo y entusiasmo, claridad y alegría, y mi tiempo me producirá una cosecha de ventas y un granero de oro.

Hoy seré dueño de mis emociones.

¿Y cómo dominaré a mis emociones para que todos los días sean días felices y productivos? Aprenderé este secreto de los siglos: Débil es aquel que permite que sus pensamientos controlen sus acciones; fuerte es aquel que compele a sus acciones que controlen sus pensamientos. Todos los días cuando despierto seguiré este plan de batalla antes de ser capturado por las fuerzas de la tristeza, de la autocompasión y del fracaso:

Si me siento deprimido cantaré.
Si me siento triste reiré.
Si me siento enfermo redoblaré mi trabajo.
Si siento miedo me lanzaré adelante.
Si me siento inferior vestiré ropas nuevas.
Si me siento inseguro levantaré la voz.
Si siento pobreza pensaré en la riqueza futura.
Si me siento incompetente recordaré éxitos del pasado.
Si me siento insignificante recordaré mis metas.

Hoy seré dueño de mis emociones.

De aquí en adelante, sabré que sólo aquellos con habilidad inferior podrán estar siempre a su nivel más alto, y yo no soy inferior. Habrá días cuando tenga que luchar constantemente contra fuerzas que me desgarrarían. Aunque el desánimo y la tristeza son fáciles de reconocer, hay otros que se nos aproximan con una sonrisa y con un amistoso apretón de manos pero también pueden destruirnos. Contra ellos, también, debo estar siempre alerta:

Si se apodera de mí la confianza excesiva, recordaré mis fracasos.
Si me siento inclinado a entregarme con exceso a la buena vida, recordaré hambres pasadas.
Si siento complacencia, recordaré a mis competidores.
Si disfruto de momentos de grandeza, recordaré momentos de vergüenza.
Si me siento todopoderoso, procuraré detener el viento.
Si alcanzo grandes riquezas, recordaré una boca hambrienta.
Si me siento orgulloso en exceso, recordaré un momento de debilidad.
Si pienso que mi habilidad no tiene igual, contemplaré las estrellas.

Hoy seré dueño de mis emociones.

Y con este nuevo conocimiento comprenderé también y reconoceré los estados de ánimo de aquel a quien visite. Toleraré su enojo y su irritación de hoy porque no sabe el secreto de dominar su mente. Puedo resistir sus saetas e insultos porque ahora sé que mañana cambiará y será un gozo visitarlo.

No juzgaré más a un hombre por una sola visita; no dejaré jamás de visitar de nuevo mañana a aquel que hoy me demuestra odio. Hoy no comprará carrozas de oro por un centavo, y sin embargo mañana canjeará su casa por un árbol. El conocimiento que tengo de este secreto será la llave que me abre las puertas de la riqueza.

Hoy seré dueño de mis emociones.

De aquí en adelante reconoceré e identificaré el misterio de los estados de ánimo de toda la humanidad, y en mí. Desde este momento estoy preparado para dominar cualquier tipo de personalidad que se despierta en mí todos los días. Dominaré mis estados de ánimo mediante una acción positiva, y cuando haya dominado mis estados de ánimo, controlaré mi destino.

Hoy controlo mi destino, y mi destino es el de convertirme en el vendedor más grande del mundo.

Seré dueño de mí mismo.

Seré grande.
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Og Mandino - El Pergamino Número Cuatro


Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Desde el comienzo del mundo, nunca ha existido otro con mi mente, mi corazón, mis ojos, mis oídos, mis manos, mi cabello, mi boca. Nadie ha podido, ni puede ni podrá caminar y andar y moverse y pensar exactamente como yo. Todos los hombres son hermanos míos y sin embargo soy diferente de cada uno de ellos. Soy una criatura única.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Aunque figuro en el reino animal, lo animal solamente no me satisfará. Dentro de mí arde una llama que ha pasado a través de incontables generaciones, y su calor constituye un constante incentivo para mi espíritu de ser mejor de lo que soy y lo seré. Avivaré esta llama de la disconformidad y proclamaré mi singularidad ante el mundo.

Nadie puede manejar el pincel ni el cincel como yo; nadie puede imitar exactamente mi caligrafía; nadie podrá engendrar a mi hijo y en realidad nadie tiene la habilidad de vender exactamente como yo. De aquí en adelante, me aprovecharé de esta diferencia puesto que es un factor que debo promover hasta el máximo.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

No haré más intentos vanos de imitar a otros. En cambio exhibiré mi singularidad en el mercado. La proclamaré, sí la venderé. Comenzaré ahora a acentuar mis diferencias; a ocultar mis similitudes. Así también aplicaré este principio a las mercancías que vendo. Un vendedor y su mercancía, diferente de todos los demás, y orgulloso de la diferencia.

Soy un ser único de la naturaleza.

Soy una cosa rara, y existe valor en todo lo raro; por lo tanto soy de valor. Soy el resultado de miles de años de progreso; por lo tanto estoy mejor equipado, tanto mental como corporalmente, que todos los emperadores y sabios que me precedieron.

Pero mi habilidad, mi mente, mi corazón y mi cuerpo se estancarán, se corromperán y morirán a menos que les dé buen uso. Tengo un potencial ilimitado. Empleo solo una pequeña porción de mi cerebro; ejercito solo una ínfima porción de mis músculos. Puedo mejorar en un ciento por ciento más mis éxitos de ayer, y esto haré, a partir de hoy.

Nunca jamás quedaré satisfecho con los éxitos del ayer, ni me entregaré tampoco a la alabanza personal por hechos que en realidad son demasiado pequeños para aún ser reconocidos. Puedo realizar mucho más de lo que he realizado y lo haré, porque Por qué razón el milagro que me produjo debe terminar con mi nacimiento? ¿Por qué no puedo extender ese milagro a mis hechos de hoy?

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

No estoy de casualidad en esta tierra. Estoy aquí con un propósito, y ese propósito es crecer hasta convertirme en montaña, y no encogerme hasta parecer un grano de arena. De aquí en adelante concentraré todos mis esfuerzos a transformarme en la montaña más elevada de todas, y exigiré a mi potencial hasta que me pida tregua.

Acrecentaré mis conocimientos de la humanidad, de mí mismo, y de las mercancías que vendo, de manera que mis ventas se multiplicarán. Practicaré y mejoraré y puliré las palabras que pronuncio para vender mis mercancías, porque éste es el cimiento sobre el cual edificaré mi carrera y nunca me olvidaré que muchos han alcanzado grandes riquezas y éxito mediante un solo discurso de ventas pronunciado con excelencia. Asimismo procuraré constantemente mejorar mis modales y atractivos, puesto que son el azúcar hacia la cual todos son atraídos.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Concentraré todas mis energías a hacer frente al desafío del momento, y mis actos contribuirán a que me olvide de todo lo demás. Los problemas de mi casa los dejaré en casa. No pensaré en mi familia cuando estoy en el mercado, porque esto ensombrecerá mis pensamientos. De igual manera los problemas inherentes al mercado serán dejados en el mercado y no pensaré en mi profesión cuando estoy en mi casa, puesto que esto apagará mi amor.

No hay lugar en el mercado para mi familia, ni hay lugar tampoco en mi casa para el mercado. Divorciaré al uno del otro y de esta manera permaneceré unido a ambos. Deben permanecer separados o morirá mi carrera. Esta es la paradoja de los siglos.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Se me han dado ojos para que vea y una mente para que piense y ahora sé un gran secreto de la vida porque percibo por fin que todos mis problemas, mis desánimos y sufrimientos son en realidad grandes oportunidades veladas. Nunca me engañaré por el disfraz que lleven, porque mis ojos están abiertos. Miraré más allá del disfraz y no seré engañado.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Ni las bestias, ni las plantas, ni el viento, ni la lluvia, ni las rocas, ni los lagos tuvieron el mismo comienzo que yo, porque fui concebido con amor y traído a este mundo con un propósito. En el pasado no consideré esta verdad, pero desde ahora en adelante le dará forma a mi vida y la guiará.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Y la naturaleza no conoce derrota. Con el tiempo, emerge victoriosa, y así lo haré yo, y con cada victoria la próxima lucha no será tan difícil.

Venceré, y me convertiré en un gran vendedor, puesto que soy único, singular.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.
FUENTE :El Vendedor Más Grande Del Mundo
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Og Mandino - El Pergamino Número Tres


Persistiré hasta alcanzar el éxito.

En el Oriente los toros jóvenes son puestos a prueba en cierta forma para la corrida en la plaza. Estos toros son traídos a la plaza y se les deja atacar al picador que los pica con una lanza. La bravura de cada toro se calcula entonces con cuidado, según las veces que demostró su disposición de embestir a pesar de la picadura de la lanza. De aquí en adelante reconoceré que todos los días la vida me pone a prueba en igual forma. Si persisto, si sigo probando, si continúo embistiendo, alcanzaré el éxito.

Persistiré hasta alcanzar el éxito.

En este mundo no nací en derrota, ni el fracaso corre por mis venas. No soy una oveja que espera ser aguijoneada por el pastor. Soy un león y me niego a hablar, a caminar o a dormir con las ovejas. Me abstendré de escuchar a aquellos que lloran y se quejan, porque la enfermedad es contagiosa. Que ellos se unan a las ovejas. El matadero del fracaso no es mi destino.

Persistiré hasta alcanzar el éxito.

Los premios de la vida se encuentran al final de cada jornada, y no cerca del comienzo, y no me corresponde a mí saber cuántos pasos son necesarios a fin de alcanzar mi meta. Puede aún sobrecogerme el fracaso al dar mi milésimo paso, y sin embargo quizá el éxito se oculte detrás del siguiente recodo del camino. Jamás sabré cuan cerca estoy del éxito a menos que doble la curva.

Siempre daré un paso más. Si ése no es suficiente daré otro y aún otro. En realidad, un paso por vez no es muy difícil.

Persistiré hasta alcanzar el éxito.

De aquí en adelante consideraré el esfuerzo de cada día como un golpe de la hoja del hacha contra un poderoso roble. El primer golpe quizá ni cause temblor en el árbol, ni el segundo ni el tercero. Cada golpe en sí mismo quizá sea insignificante y al parecer sin consecuencia. Y sin embargo como resultado de golpes endebles, el roble finalmente se tumbará. Y así será con mis esfuerzos de hoy.

Se me comparará con las gotas de lluvia que finalmente se llevan la montaña; la hormiga que devora al tigre; la estrella que ilumina la tierra; el esclavo que construye una pirámide. Edificaré mi castillo usando un ladrillo por vez porque yo sé que los pequeños intentos, repetidos, completarán cualquier empresa.

Persistiré hasta alcanzar el éxito.

Jamás aceptaré la derrota y borraré de mi vocabulario palabras o frases como abandono, no puedo, imposible, irrealizable, improbable, fracaso, impráctico, sin esperanzas y retirada; porque son palabras de necios. Huiré de la desesperación, pero si esta enfermedad de la mente me atacara, seguiría trabajando en medio de la desesperación. Trabajaré y aguantaré. Pasaré por alto los obstáculos que se yerguen a mis pies, y mantendré los ojos fijos en las metas por encima de mi cabeza, porque sé que donde termina el árido desierto, crece la verde vegetación.

Persistiré hasta alcanzar el éxito.

Recordaré la antiquísima ley de los promedios y la adaptaré para mi beneficio. Persistiré con la convicción de que cada vez que fracase en una venta, aumentarán las posibilidades de éxito en la tentativa siguiente. Toda vez que escuche un no, me aproximará al sonido de un sí. Toda vez que me encuentre con una mirada de desaprobación recordaré que sólo me prepara para la sonrisa que hallaré después. Cada desventura que me sobrevenga contendrá en sí la semilla de la buena suerte del mañana. Debo contemplar la noche para apreciar el día. Debo fracasar con frecuencia para tener éxito una sola vez.

Persistiré hasta alcanzar el éxito.

Persistiré, persistiré y persistiré de nuevo. Cada obstáculo que se me presente, lo consideraré como un mero rodeo en el camino que me lleva a la meta, y un desafío a mi profesión. Persistiré y desarrollaré mis habilidades como el marino desarrolla las suyas, aprendiendo a dominar la furia de cada tormenta.

Persistiré hasta alcanzar el éxito.

De aquí en adelante, aprenderé y aplicaré otro secreto de aquellos que sobresalen en su trabajo. Cuando haya terminado el día, sin tener en cuenta si ha sido un éxito o fracaso, procuraré realizar una venta más. Cuando mis pensamientos inviten a mi cansado cuerpo a retornar a la casa, resistiré la tentación de hacerlo. Trataré de realizar una venta más. Haré un intento más de cerrar el día con una victoria, y si ese intento fracasa haré otro. No permitiré jamás que ningún día termine en fracaso. De esta manera plantaré la semilla del éxito del mañana y lograré una ventaja insuperable sobre aquellos que cesan de trabajar a una hora prescrita. Cuando otros ponen fin a la lucha, la mía habrá comenzado, y mi cosecha será amplia.

Persistiré hasta alcanzar el éxito.

No permitiré tampoco que los éxitos del ayer me hagan caer en el sopor de la complacencia del hoy, puesto que ésta es el gran fundamento del fracaso. Me olvidaré de los acontecimientos del día que ha pasado, ya fuesen buenos o malos, y saludaré el nuevo día con confianza de que éste será el mejor día de mi vida.

Mientras haya hálito en mí, persistiré. Porque ahora sé uno de los grandes principios del éxito; si persisto lo suficiente alcanzaré la victoria.

Persistiré, alcanzaré la victoria.

FUENTE :El Vendedor Más Grande Del Mundo
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Og Mandino - El Pergamino Número Dos



Saludaré este día con amor en mi corazón.
Porque éste es el secreto más grande del éxito en todas las empresas. La fuerza muscular podrá partir un escudo y aún destruir la vida, pero sólo el poder invisible del amor puede abrir el corazón del hombre, y hasta que no domine este arte no seré más que un mercachifle en el mercado. Haré del amor mi arma más poderosa y nadie a quien yo visite podrá defenderse de su fuerza.

Podrán contradecir mi razonamiento; podrán desconfiar de mis discursos; podrán desaprobar mi manera de vestir; podrán rechazar mi rostro; y hasta podrán sospechar de mis ofertas especiales; y sin embargo mi amor les derretirá el corazón, al igual que el sol cuyos rayos entibian la más fría arcilla.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

¿Y cómo lo haré? De aquí en adelante contemplaré todas las cosas con amor y naceré de nuevo. Amaré al sol porque me calienta los huesos; pero también amaré la lluvia porque purifica mi espíritu. Amaré la luz porque me señala el camino; pero también amaré la oscuridad porque me enseña las estrellas. Acogeré la felicidad porque engrandece mi corazón; pero también soportaré la tristeza porque descubre mi alma. Reconoceré la recompensa porque constituye mi pago; pero también daré acogida a los obstáculos porque constituyen para mí un desafío.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

¿Y cómo hablaré? Elogiaré a mis enemigos y se convertirán en amigos míos. Animaré a mis amigos y se volverán mis hermanos. Ahondaré siempre en busca de razones para elogiar; nunca me allanaré a buscar excusas para el chisme. Cuando sienta la tentación de criticar, me morderé la lengua; cuando me sienta inspirado a elogiar, lo proclamaré a los cuatro vientos.

¿No sucede que los pájaros, el viento, el mar y la naturaleza toda hablan con la música de la alabanza para su creador? ¿No puedo acaso hablar con la misma música a sus hijos? De aquí en adelante recordaré este secreto que cambiará mi vida.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

¿Y cómo procederé? Amaré a todas las clases de hombres porque cada uno tiene cualidades dignas de ser admiradas aunque quizá estén ocultas. Derribaré la muralla de sospecha y de odio que han construido alrededor de sus corazones, y en su lugar edificaré puentes para llegar por ellos a sus almas.

Amaré al que tiene ambiciones porque podrá inspirarme; amaré a los que han fracasado porque pueden enseñarme. Amaré a los reyes porque son solo humanos; amaré a los humildes porque son divinos. Amaré a los ricos porque sufren la soledad; amaré a los pobres porque son tantos. Amaré a los jóvenes por la fe a que se aferran; amaré a los ancianos por la sabiduría que comparten. Amaré a los hermosos por sus ojos de tristeza; amaré a los feos por sus almas saturadas de paz.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

¿Pero cómo reaccionaré ante la conducta de los demás? Con amor. Porque así como el amor es el arma con la que me propongo abrir el corazón del hombre, el amor es también mi escudo para resistir los dardos de odio y las lanzas de ira. La adversidad y el desánimo azotarán cual huracán mi nuevo escudo, hasta quedar finalmente reducidos a fina lluvia. Mi escudo me protegerá en el mercado, me sostendrá cuando estoy solo. Me estimulará en momentos de desánimo, pero también me calmará en épocas de gozoso transporte. Con el uso se fortalecerá y me protegerá cada vez más, hasta que un día lo pondré a un lado y caminaré sin estorbos entre todos los hombres, y cuando lo haga, mi nombre será enarbolado bien alto en la pirámide de la vida.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

¿Y cómo me enfrentaré con las personas con quienes me encuentro? De una sola manera. En silencio y en mi fuero interno me dirigiré a él y le diré que le amo. Aunque dichas en silencio estas palabras se reflejarán en mis ojos, serenarán mi frente, harán que una sonrisa se asome a mis labios, y harán eco en mi voz; y su corazón se abrirá. ¿Y quién es aquel que se negará a comprar mis mercancías cuando en su corazón sienta mi amor?

Saludaré este día con amor en mi corazón.

Y principalmente me amaré a mí mismo. Porque cuando lo hago, vigilaré celosamente todo lo que entra en mi cuerpo, mi mente, mi alma y mi corazón. Nunca jamás mimaré los apetitos de la carne, sino que más bien trataré mi cuerpo con limpieza y moderación. Nunca permitiré que mi mente sea atraída por el mal y la desesperación, sino que más bien la estimularé con los conocimientos y la sabiduría de los siglos. Nunca le permitiré a mi alma que se vuelva complaciente y satisfecha; por el contrario la alimentaré con la meditación y la oración. No permitiré nunca que mi corazón se empequeñezca o se amargue; sino más bien lo compartiré y crecerá y alegrará la tierra.

Saludaré este día con amor en mi corazón.

De aquí en adelante amaré a toda la humanidad. Desde este momento todo el odio ha sido extraído de mis venas porque no tengo tiempo para odiar, sólo tengo tiempo para amar. Desde este momento doy el primer paso requerido para convertirme en un hombre entre los hombres.
Con amor aumentaré mis ventas en un ciento por ciento y me convertiré en un gran vendedor. Aunque no posea otras cualidades, puedo alcanzar el éxito solo con el amor . Sin el amor fracasaré aunque posea todos los conocimientos y habilidades del mundo.

Saludaré este día con amor, y tendré éxito.
Saludaré este día con amor en mi corazón.

FUENTE :
El Vendedor Más Grande Del Mundo
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domingo, 22 de diciembre de 2013

Frases de superación personal

vida

Las palabras justas para superarte día a día

La superación personal es, simplemente, ir mejorando día tras día interiormente, tomando las decisiones que te harán feliz en un futuro. Piensa en positivo, mira hacia adelante y disfruta de estas geniales frases, que te ayudarán a sentirte con más ánimo.
  Contra la mentalidad negativa, las malas ondas, las excusas y la falta de voluntad, lo mejor que se puede hacer es cambiar. Cambiar en todo sentido, comenzando por uno mismo. Si no te planteas de una buena vez que con esa "mala vibra" no podrás llegar demasiado lejos, después puede llegar a ser irreversible. Con una mentalidad positiva y superándote a ti mismo día tras día, todo será muchísimo más fácil. Y verás como las cosas buenas comienzan a llover en tu vida en todas sus circunstancias.

Las buenas intenciones, la mentalidad positiva, una sonrisa, la esperanza, el optimismo y por sobre todas las cosas, la voluntad y el trabajo, son determinantes para la superación personal. De la mano de esta selección de frases podrás encontrar un motivo para seguir peleando día a día para ser una mejor persona, para demostrarles a todos que también tu puedes ser feliz. Pero, por sobre todas las cosas, para que te lo demuestres a ti mismo. Disfruta y piensa.

Estas son 12 buenas frases de superación personal:
  1. “Fija tus ojos hacia adelante en lo que puedes hacer, no hacia atrás en lo que no puedes cambiar.” (Tom Clancy)
  2. “El no querer es la causa, el no poder el pretexto.” (Séneca)
  3. "A la cima no se llega superando a los demás, sino superándote a ti mismo."
  4. "Cuando la voluntad y el talento hablan; la pereza y el error te gritan."
  5. "Envejecer es obligatorio y natural, crecer es opcional y mágico."
  6. “Si quieres cambiar el mundo, tienes que empezar por cambiarte a ti mismo.” (Sócrates)
  7. “Un poco de conocimiento que actúa es mucho mas valioso que tener conocimiento y no actuar.” (Khalil Gibrán)
  8. "Primero tienes que aprender a ser pequeño. La humildad es la base de toda grandeza."
  9. "No sabía qué ponerme. Entonces, me puse feliz"
  10. "El camino de cualquier triunfo está lleno de derrotas."
  11. "El verdadero buscador crece y aprende, y descubre que siempre es el principal responsable de lo que sucede." (Jorge Bucay)
  12. “La fuerza no viene de la capacidad corporal, sino de la voluntad del alma” (Mahatma Gandhi)
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Amar la vida




Superar las pruebas. La historia de Margarita Lalor Cavanagh y su mensaje.

La resiliencia es la capacidad que tienen ciertos metales para resistir altas temperaturas. El término, aplicado al ser humano, significa la facultad que tienen algunas personas de salir adelante ante la adversidad...
“Quiero escuchar al prójimo porque ya nadie se escucha. Hoy la gente se saluda así: ‘Todo bien, ¿no?’. Y eso no es escuchar. También quiero hacer reuniones de espiritualidad con discapacitados, pues tengo facilidad para comunicarme. Con el libro me di cuenta de la falta que hace llenar el vacío que padece la gente. No valoramos la vida por causa del materialismo, que nunca nos dará plenitud espiritual”.
(Margarita a Susana Reinoso)

La resiliencia es la capacidad que tienen ciertos metales para resistir altas temperaturas. El término, aplicado al ser humano, significa la facultad que tienen algunas personas de salir adelante ante la adversidad. La vida siempre nos depara sorpresas: algunas hermosas y otras horribles. De esas que para algunos son dignas de olvido e implican la “muerte en vida”, de su dureza y perversidad se puede rescatar una parte bella porque a partir del dolor se aprende, se descubre, se cambia, se desafía…se puede. El mundo nos da múltiples ejemplos. Grandes personalidades y seres anónimos que a partir del dolor mutaron sus conceptos, sus ideales y se sorprendieron a sí mismos en otra actitud ante el gran misterio de la Creación. Un ejemplo que nos toca de cerca es el de Margarita Lalor Cavanagh. En “Se puede” y “Amo la vida”, dos de sus libros, Margarita nos da clases de resiliencia.

Desde un sitio de Internet, la gran herramienta de este siglo, una página dedicada a Margarita da luz y esperanza e invita a releer sus textos y descubrir como en la flor la belleza de la simpleza y a su vez la grandeza de sus mensajes. Ella pudo descubrir la belleza en el dolor de la enfermedad, combatirla y ganarle. Transformó lágrimas de tristeza en sonrisas y, al mismo tiempo, regaló su vitalidad a quienes la conocieron.

Su vida cambió cuando le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amioatrófica (ELA), una enfermedad neuromuscular crónica, progresiva y generalmente terminal. “ Tenía 22 años y me pregunté: “¿Por qué a mí?” y un sacerdote muy sabio me respondió “¿Por qué a usted no?” Sabemos que en la vida hay enfermedades, desgracias, gente a la que le toca sufrir algo invisible. Hay personas que llevan un dolor grande o sufren de soledad. Acepté mi cruz y sólo la aceptación me trajo paz. La paz aclara la mente y uno puede luchar con más fuerza. De este modo aprendí a valorar lo bueno que tiene la vida. Decidí no tener lástima de mí misma. Salió a relucir mi espíritu guerrero: para hacerle honor a mis ancestros pelearía hasta el final”, contó Margarita en su autobiografía.

La elección
“Decidí no tener lástima de mí misma”, detalló Margarita, descendiente de uno de los apellidos más ilustres de la Pampa Húmeda, unido al esplendor del polo. Si bien nació en Buenos Aires, el 25 de julio de 1946, segunda hija de una familia de cinco hermanos, “tres mujeres y dos varones, de ascendencia irlandesa y fervientes católicos”, la infancia feliz transcurrió en estas tierras. Se recibió de Bachiller en el Colegio del Sagrado Corazón y de Maestra Catequista. “Dibujaba bastante bien, tenía marcada facilidad para los idiomas, trabajé y ahorré para conocer el mundo, seguí cursos de Historia del Arte, amé siempre el campo, estaba de novia. Corría el año 1968 y empezaron los problemas de salud. Era desesperante: día a día iba perdiendo fuerzas: ahora la mano izquierda, el habla y un pié. No lo podía creer”, se lee en la página.

A partir de allí la fórmula consistió en “Coraje y adelante”. Margarita se aferró a la vida y cómo…”Haría lo imposible por seguir viviendo. Tenía tantos motivos para y por los cuales vibrar y existir. Tantas asignaturas pendientes… Lo mejor fue comprender cuál era mi camino. Allí se acabaron mis luchas internas, mi rebeldía, y comencé a pensar en positivo. Uno puede ser feliz cuando siente que está cumpliendo la voluntad de Dios”, sostuvo al contar su experiencia.

“La enfermedad permitió que después de la negra noche conociera la Verdadera Alegría”, escribió en “La alegría de Dios”.

Poco a poco, la enfermedad la fue limitando, con la excepción de su pie derecho. ¿Se puede? Sí, se puede. Con una computadora adaptada a sus necesidades, conectada a un pedal que activaba un sensor en la pantalla, durante tres meses, y a razón de catorce horas diarias, escribió su vida.

"Una vez que comencé ya no podía parar. Las palabras me brotaban como una catarata. Desde 1971 no había vuelto a escribir. La computadora fue como abrir una vía de escape a un intelecto que estaba preso. Así pude volver a comunicarme con los demás", le confió a Susana Reinoso en “La Nación”.

“Soy la autora de un libro totalmente atípico, indigno de un Ortega y Gasset, y pienso que la Real Academia Española tampoco lo aprobaría por el uso impropio del idioma castellano. Fue escrito con el corazón y, creo, llegó al corazón. Su contenido es de "alto voltaje" emocional. En él sencillamente cuento cómo, por qué, y a pesar de 30 años de enfermedad, aprendí a aceptar la voluntad de Dios y ser feliz”, sostuvo durante un discurso en la presentación de su libro.

El ser positivo
Pensar en resiliencia es pensar en los elementos positivos que tenemos todos los seres humanos, aún aquellos que están en las peores condiciones de vida imaginables. Se trata de encontrar los elementos positivos de cada persona para modificar determinada situación y transformarla; implica un concepto dinámico, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Margarita descubrió el lado positivo de su destino. Obviamente no fue de un día para otro e implicó luchas internas pero lo halló y entonces la existencia cobró sentido porque “la vida sin sentido es un desperdicio y no vale la pena vivirla”, como señaló en uno de sus discursos.
El 29 de septiembre de 1999 obtuvo el premio “Sentido de la Vida”. Para entonces, continuaba con sus estudios de Historia del Arte y había relegado los del traductorado de Inglés.
Soñaba con ser pintora. No pintó más telas pero sus pinceladas impregnaron de color los corazones de quienes la conocieron personalmente y de quienes la amaron a partir de sus textos. El 9 de junio del 2005 abandonó la tierra pero aún sigue pincelando los corazones.

Mi enfermedad
En octubre de 1998, Margarita publicó su libro “Se puede”. Allí describió sin amarguras ni resentimientos todos los pormenores de su tragedia personal. En uno de los tramos más dolorosos, cuenta que mucho antes que se le diagnosticara la enfermedad, como toda jovencita, deseaba bajar unos cuantos kilos. Había intentado toda clase de regímenes y dietas con resultados satisfactorios. "Un especialista en obesidad, enseñándome a comer consiguió que bajara 14 kilos. Pero me faltaban 17 para llegar a la figura ideal", confesó. Luego de un tratamiento estricto a base exclusivamente de bebidas, logró que el espejo reflejara la imagen exterior deseada. Su sistema inmunológico quedó destruido y el deterioro físico fue inevitable. Después de un año de diagnósticos erráticos y tratamientos infructuosos, los médicos descubrieron que padecía ELA.
La enfermedad es neurodegenerativa y lentamente genera debilidad muscular, discapacidad y severas complicaciones. Comprende el grupo de las enfermedades de la neurona motora. Es cruel pero a Margarita no la doblegó.

Amo la vida
“Hay algo que me gustaría aclarar: Amo la vida. Y cada minuto que pasa es un maravilloso regalo de Dios.
Y a pesar de los que he pasado, de los “bajones”, de las “pálidas”, de los vaivenes, de las euforias, de los momentos feos y momentos felices, los “gozos y las sombras”, los alegrones y las tristezas, estoy convencida de que vale la pena vivirla.
Y cada día, cuando me despierto, agradezco a Dios la vida que me dio, y la que me permitió seguir viviendo.
Le agradezco también:
Porque viví largos años de independencia, pero ahora tengo de quién depender.
Por mis dos pies, con los cuales antes bailaba, caminaba y corría; ahora con el izquierdo escribo, y con el derecho hablo por teléfono.
Porque conservo mi sentido del humor intacto y el sufrimiento no me amargó el carácter.
Aún veo el lado gracioso de algunas situaciones y puedo reírme de un buen chiste.
Porque leo todo sin anteojos.
Porque puedo ver las maravillas de la naturaleza, percibo y asimilo ideas, comportamientos, mensajes no escritos.
Porque aprecio un buen dibujo, aunque ya no dibujo más.
Porque puedo gozar con los colores, aunque ya no pinte más”
(Fragmento de Testamento Espiritual).

Para contactos
Más sobre Margarita se puede lograr accediendo a www.margaritalalor.com.ar.

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